ORACIONES DEL DÍA 21
La verdadera devoción a la Virgen
Para subir y unirse a Él, preciso es valerse del mismo medio de que Él se valió para descender a nosotros, para hacerse hombre y para comunicarnos sus gracias; y ese medio es la verdadera devoción a la Santísima Virgen.
Hay muchas devociones a la Virgen Santísima y
verdaderas: que no hablo aquí de las falsas.
Consiste la primera en cumplir con los
deberes de cristiano, evitando el pecado mortal, obrando más por amor que por
temor, rogando de tiempo en tiempo a la Santísima Virgen y honrándola como
Madre de Dios, sin ninguna otra especial devoción para con ella.
La segunda tiene para la Virgen más altos
sentimientos de estima, amor, veneración y confianza; induce a entrar en las
cofradías del Santo Rosario y del escapulario, a rezar la corona o el santo
rosario, a honrar las imágenes y altares de María, a publicar sus alabanzas, a alistarse
en sus congregaciones. Y esta devoción (con tal que nos abstengamos de pecar)
buena es, santa y laudable; pero no tan a propósito como la que sigue para apartar
a las almas de las criaturas y desprenderlas de sí mismas a fin de unirlas a
Jesucristo.
La tercera manera de devoción a la Santísima
Virgen, de muy pocas personas conocida y practicada; es almas predestinadas, la
que os voy a descubrir.
Consiste en darse todo entero, como esclavo, a María y a Jesús por Ella; y además en hacer todas las cosas con María, en María, por María y para María.
Hay que escoger un día señalado para
entregarse, consagrarse y sacrificarse; y esto ha de ser voluntariamente y por
amor, sin encogimiento, por entero y sin reserva alguna; cuerpo y alma, bienes
exteriores y fortuna, como casa, familia, rentas; bienes interiores del alma, a
saber: sus méritos, gracias, virtudes y satisfacciones. (El Secreto de
María, núms. 23-24)
Letanía de Nuestra Señora
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial. Ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo. íd.
Dios Espíritu Santo. íd.
Trinidad Santa un solo Dios. íd.
Santa María. Ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios. íd.
Santa Virgen de las vírgenes. íd.
Madre de Cristo. íd.
Madre de la Iglesia. íd.
Madre de la divina gracia. íd.
Madre purísima. íd.
Madre castísima. íd.
Madre inviolada. íd.
Madre virgen. íd.
Madre inmaculada. íd.
Madre amable. íd.
Madre admirable. íd.
Madre del buen consejo. íd.
Madre del Creador. íd.
Madre del Salvador. íd.
Virgen prudentísima. íd.
Virgen digna de veneración. íd.
Virgen digna de alabanza. íd.
Virgen poderosa. íd.
Virgen clemente. íd.
Virgen fiel. íd.
Esclava del Señor. íd.
Espejo de justicia. íd.
Trono de sabiduría. íd.
Causa de nuestra alegría. íd.
Vaso espiritual. íd.
Vaso honorable. íd.
Vaso insigne de devoción. íd.
Rosa mística. íd.
Torre de David. íd.
Torre de marfil. íd.
Casa de oro. íd.
Arca de la alianza. íd.
Puerta del cielo. íd.
Estrella de la mañana. íd.
Salud de los enfermos. íd.
Refugio de los pecadores. íd.
Consoladora de los afligidos. íd.
Auxilio de los cristianos. íd.
Reina de los ángeles. íd.
Reina de los patriarcas. íd.
Reina de los profetas. íd.
Reina de los apóstoles. íd.
Reina de los mártires. íd.
Reina de los confesores. íd.
Reina de las vírgenes. íd.
Reina de todos los santos. íd.
Reina concebida sin mancha original. íd.
Reina asunta a los cielos. íd.
Reina del Santísimo Rosario. íd.
Reina de la familia. íd.
Reina de la paz. íd.
Reina de los esclavos de amor íd.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que nos hagamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Oración:
Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo, y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Ave Maris Stella
Salve, Estrella del mar,
Madre, que diste a luz a Dios,
quedando perpetuamente Virgen,
feliz puerta del cielo.
Pues recibiste aquel Ave
De labios de Gabriel,
ciméntanos en la paz,
trocando el nombre de Eva.
Suelta las prisiones a los reos,
da lumbre a los ciegos,
ahuyenta nuestros males,
recábanos todos los bienes.
Muestra que eres Madre,
reciba por tu mediación nuestras plegarias
el que nacido por nosotros,
se dignó ser tuyo.
Virgen singular,
sobre todos suave,
haz que libres de culpas,
seamos suaves y castos.
Danos una vida pura,
prepara una senda segura,
para que, viendo a Jesús,
eternamente nos gocemos.
Gloria sea a Dios Padre,
loor a Cristo altísimo
y al Espíritu Santo:
a los tres un solo honor. Amén.
Oración a Nuestra Señora de San Luis María Grignion de Montfort
¡Salve, María, amadísima Hija del Eterno Padre; salve María, Madre admirable del Hijo; salve, Madre, fidelísima Esposa del Espíritu Santo; salve, María, mi amada Madre, mi amable Maestra, mi poderosa Soberana; salve, gozo mío, gloria mía, mi corazón y mi alma!
Sois toda mía por misericordia, y yo soy todo vuestro por justicia, pero todavía no lo soy bastante. De nuevo me entrego a Ti todo entero en calidad de eterno esclavo, sin reservar nada, ni para mí, ni para otros.
Si algo ves en mí que todavía no sea tuyo, tómalo enseguida, te lo suplico, y hazte dueña absoluta de todos mis haberes para destruir y desarraigar y aniquilar en mí todo lo que desagrada a Dios y plantar y levantar y producir todo lo que os guste.
La luz de tu fe disipe las tinieblas de mi espíritu; tu humildad profunda ocupe el lugar de mi orgullo; tu contemplación sublime detenga las distracciones de mi fantasía vagabunda; tu continua vista de Dios llene de su presencia mi memoria, el incendio de caridad de tu corazón abrase la tibieza y frialdad del mío; cedan el sitio a tus virtudes mis pecados; tus méritos sean delante de
Dios mi adorno y suplemento. En fin, queridísima y amadísima Madre, haz, si es posible, que no tenga yo más espíritu que el tuyo para conocer a Jesucristo y entender sus divinas voluntades; que no tenga más alma que la tuya para alabar y glorificar al Señor; que no tenga más corazón que el tuyo para amar a Dios con amor puro y con amor ardiente como Tú.
No pido visiones, ni revelaciones, ni gustos, ni contentos, ni aun espirituales. Para Ti el ver claro, sin tinieblas; para Ti el gustar por entero sin amargura; para Ti el triunfar gloriosa a la diestra de tu Hijo, sin humillación; para Ti el mandar a los ángeles, hombres y demonios, con poder absoluto, sin resistencia, y el disponer en fin, sin reserva alguna de todos los bienes de Dios. Ésta es, divina María, la mejor parte que se te ha concedido, y que jamás se te quitará, que es para mi grandísimo gozo. Para mí y mientras viva no quiero otro sino el experimentar el que Tú tuviste: creer a secas, sin nada ver y gustar; sufrir con alegría, sin consuelo de las criaturas; morir a mí mismo, continuamente y sin descanso; trabajar mucho hasta la muerte por Ti, sin interés, como el más vil de los esclavos. La sola gracia, que por pura misericordia te pido, es que en todos los días y en todos los momentos de mi vida diga tres amen es: amén (así sea) a todo lo que hiciste en la tierra cuando vivías; amén a todo lo que haces al presente en el cielo; amén a todo lo que obras en mi alma, para que en ella no haya nada más que Tú, para glorificar plenamente a Jesús en mí, ahora y en la eternidad. Amén.
RÉCESE EL SANTO ROSARIO
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