ORACIONES DEL SEGUNDO DÍA
Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial.
Estad atentos a no hacer vuestra justicia
delante de los hombres para que os vean; de otra manera no tendréis recompensa
ante vuestro Padre, que está en los cielos.
Cuando hagas, pues, limosna, no vayas tocando
la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las
calles, para ser alabados de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron
su recompensa.
Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo
que hace la derecha, para que tu limosna sea oculta, y el Padre que ve lo
oculto, te premiará.
Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas,
que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los ángulos de las plazas, para
ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa.
Tú, cuando ores, entra en tu cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que
está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. Y
orando, no seáis habladores, como los gentiles, que piensan ser escuchados por
su mucho hablar. No os asemejéis, pues, a ellos, porque vuestro Padre conoce
las cosas de que tenéis necesidad antes que se las pidáis. Así, pues, habéis de
orar: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a
nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy
nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos
del mal.
Porque si vosotros perdonáis a otros sus
faltas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no
perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras faltas. (San
Mateo, caps. 5, 48; 6, 1- 15).
***
Veni, Creator Spiritus
Ven, Espíritu Creador,
visita las
mentes de tus siervos,
llena de la
gracia de lo alto
los pechos
que Tú creaste.
Tú, que eres
llamado Paráclito,
don de Dios
altísimo,
fuente viva,
fuego, amor,
y unción espiritual.
Tú
septiforme en el don,
dedo de la paterna diestra,
Tú, auténtica promesa del Padre,
que
enriqueces las lenguas con palabras.
Enciende lumbre en los sentidos,
infunde amor en los corazones,
corroborando con vigor constante
la fragilidad de nuestro cuerpo.
Rechaza más y más lejos al enemigo,
concede prontamente la paz,
yendo así Tú delante como guía,
evitemos todo mal.
Haz que por
ti conozcamos al Padre
y conozcamos también al Hijo
y por ti, Espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.
A Dios Padre
sea la gloria
y al Hijo, que entre los muertos resucitó,
y al Paráclito
por los siglos de los siglos. Amén.
Ave
Maris Stella
Salve, Estrella del mar,
Madre, que diste a luz a Dios,
quedando perpetuamente Virgen,
feliz puerta del cielo.
Pues recibiste aquel Ave
De labios de Gabriel,
ciméntanos en la paz,
trocando el nombre de Eva.
Suelta las prisiones a los reos,
da lumbre a los ciegos,
ahuyenta nuestros males,
recábanos todos los bienes.
Muestra que eres Madre,
reciba por tu mediación nuestras plegarias
el que, nacido por nosotros,
se dignó ser tuyo.
Virgen singular,
sobre todos suave,
haz que libres de culpas,
seamos suaves y castos.
Danos una
vida pura,
prepara una senda segura,
para que, viendo a Jesús,
eternamente nos gocemos.
Gloria sea a
Dios Padre,
loor a Cristo altísimo
y al Espíritu Santo:
a los tres un solo honor. Amén.
Magníficat
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador,
porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las
generaciones,
porque el
Poderoso ha hecho obras grandes en mí
y su nombre es santo.
Y su misericordia llega a sus fieles
de
generación en generación
sobre los que le temen.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes;
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Acogió a Israel su siervo,
acordándose de su misericordia
-como la había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham
y su
descendencia para siempre.
Gloria al
Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
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