ORACIONES DEL SÉPTIMO DÍA
En lo de fuera eran necesitados, pero en lo
interior estaban con la gracia y divinas consolaciones recreados.
Ajenos eran al mundo; mas muy allegados a
Dios, del cual eran familiares y amigos.
Teníanse por nada cuanto a sí mismos, y para
con el mundo eran despreciados; mas en los ojos de Dios eran muy preciosos y
amados.
Estaban en verdadera humildad; vivían en la
sencilla obediencia; andaban en caridad y paciencia, y por eso cada día crecían
en espíritu, y alcanzaban mucha gracia delante de Dios.
Fueron puestos por dechados a todos los
religiosos y más nos deben mover para aprovechar el bien, que no la muchedumbre
de los tibios para aflojar y descaecer.
¡Oh! ¡Cuán grande fue el fervor de todos los
religiosos al principio de sus sagrados institutos!
¡Cuánta la devoción de la oración! ¡Cuánto el
celo de la virtud! ¡Cuánta disciplina floreció! ¡Cuánta reverencia y obediencia
al superior hubo en todas las cosas!
Aun hasta ahora dan testimonio de ello las
señales que quedaron, de que fueron verdaderamente varones santos y perfectos
que, peleando tan esforzadamente, vencieron al mundo.
Ahora ya se estima en mucho aquel que no es transgresor,
y si con paciencia puede sufrir lo que aceptó por su voluntad.
¡Oh tibieza y negligencia de nuestro estado,
que tan presto declinamos del fervor primero, y nos es molesto el vivir por
nuestra flojedad y tibieza!
¡Pluguiese a Dios que no durmiese en ti el
aprovechamiento de las virtudes, pues viste muchas veces tantos ejemplos de
devotos! (Imitación de Cristo, libro I, cap. 18)
***
Veni, Creator Spiritus
Ven, Espíritu Creador,
visita las mentes de tus siervos,
llena de la gracia de lo alto
los pechos que Tú creaste.
Tú, que eres llamado Paráclito,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, amor,
y unción espiritual.
Tú septiforme en el don,
dedo de la paterna diestra,
Tú, auténtica promesa del Padre,
que enriqueces las lenguas con palabras.
Enciende lumbre en los sentidos,
infunde amor en los corazones,
corroborando con vigor constante
la fragilidad de nuestro cuerpo.
Rechaza más y más lejos al enemigo,
concede prontamente la paz,
yendo así Tú delante como guía,
evitemos todo mal.
Haz que por ti conozcamos al Padre
y conozcamos también al Hijo
y por ti, Espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.
A Dios Padre sea la gloria
y al Hijo, que entre los muertos resucitó,
y al Paráclito
por los siglos de los siglos. Amén.
Ave Maris Stella
Salve, Estrella del mar,
Madre, que diste a luz a Dios,
quedando perpetuamente Virgen,
feliz puerta del cielo.
Pues recibiste aquel Ave
De labios de Gabriel,
ciméntanos en la paz,
trocando el nombre de Eva.
Suelta las prisiones a los reos,
da lumbre a los ciegos,
ahuyenta nuestros males,
recábanos todos los bienes.
Muestra que eres Madre,
reciba por tu mediación nuestras plegarias
el que, nacido por nosotros,
se dignó ser tuyo.
Virgen singular,
sobre todos suave,
haz que libres de culpas,
seamos suaves y castos.
Danos una vida pura,
prepara una senda segura,
para que, viendo a Jesús,
eternamente nos gocemos.
Gloria sea a Dios Padre,
loor a Cristo altísimo
y al Espíritu Santo:
a los tres un solo honor. Amén.
Magníficat
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador,
porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí
y su nombre es santo.
Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación
sobre los que le temen.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes;
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Acogió a Israel su siervo,
acordándose de su misericordia
-como la había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham
y su descendencia para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
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